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Varias decenas de palabras lunfardas se suman cada año al lenguaje porteño
Anualmente se incorporan al habla cotidiana entre 40 y 70. Las recopilaron en dos diccionarios de inminente aparición.


Rápido: ¿Cómo se llama en lunfardo la cerveza? Hoy hasta el más fanático de los abstemios conoce la respuesta. Pero hace 15 años ese término era muchísimo menos popular de lo que se podría imaginar. Es más: en la edición de 1990 del diccionario de lunfardo de José Gobello -presidente de la Academia Porteña del Lunfardo y máximo referente en la materia- directamente no figura la palabra "birra". Tampoco aparecen en ese diccionario montones de otras expresiones que aun quienes no las usan saben lo que significan: chabón, bardear, escrache, corralito.

Año tras año surgen nuevas expresiones populares. Algunas son pasajeras ya nadie, por ejemplo, utiliza el término "banana" para describir a un pícaro y otras alcanzan la inmortalidad: laburar, mina, morfi.

Es imposible calcular cuántas nuevas expresiones lunfardas se suman por año al habla cotidiana, pero algo es cierto: en la nueva edición Novísimo diccionario del lunfardo de Gobello -lo está haciendo con Marcelo Oliveri y se editará a principios de 2004- aparecerán unos 1.000 términos nuevos. Si se divide esa cantidad por los 14 años que separan a ambos diccionarios surge que por año el habla de los argentinos se agranda en unos 71 nuevos vocablos.

Oscar Conde, autor en 1998 del Diccionario Etimológico del Lunfardo, también está en estos días terminando de escribir una actualizada versión de su diccionario. En el nuevo aparecerán unas 200 palabras que no estaban en el anterior simplemente porque en ese entonces no existían. Así, según Conde profesor de Griego en la UBA y miembro también de la Academia Porteña del Lunfardo  en cada uno de los últimos cinco años surgieron alrededor de 40 nuevas expresiones.

Gobello y Oliveri, entonces, sostienen que el lunfardo se infló casi el doble de lo que dice Conde. ¿Quién tendrá la razón?
El punto es que Gobello, de 84 años, y Oliveri, de 37, tienen una posición menos dogmática que Conde sobre qué términos son, y cuáles no, lunfardos.
Los ejemplos sobran en el próximo diccionario de Gobello y Oliveri. Allí aparecerán decenas de vocablos que a Conde, de 42 años, ya le están sacando canas verdes: "Outlet", "Fashion", "E-mail", "Rating", "Ranking", "Sale", "Cool", "Chatear".
"Ni los internacionalismos que se utilizan en muchas partes del mundo ni las palabras que son derivadas de avances tecnológicos pueden considerarse lunfardo. Jamás podrían serlo porque se utilizan en muchas partes del mundo. Para algunos lunfardo es todo lo que se habla en Buenos Aires. Yo con eso no estoy de acuerdo", afirma Oscar Conde.
La definición de lunfardo de Gobello y Oliveri es realmente amplia: "Para nosotros todo es lunfardo". Y agregan: "Son lunfardo todas las palabras de uso cotidiano en Buenos Aires que no tienen un significado que figure en el diccionario de la Real Academia".

La teoría de ellos es la siguiente: la elección de "Sale" en vez de "liquidación" o de "Outlet" en lugar de "Segunda selección" es puro lunfardo.
Fuera de los internacionalismos, uno y otros contabilizan decenas de nuevos términos que ya son moneda corriente y a los que nadie se atrevería a discutirle su ADN lunfardo.

Conde enumera algunas: "Chapita" (loca), "Finde" (fin de semana), "Partusa" (orgía), "Pete" (felación), "Travesaño" (travesti) y "Perra" (atorranta).
El experto, además, cita algunos términos que ya se conocían pero que ahora se usan masivamente (sería el caso de "pituto", que se disparó brutalmente con el caso García Belsunce) y expresiones que cualquiera es capaz de interpretar: "Hizo la gran De la Rúa" , "Se mandó la gran María Amuchástegui", "Tirar los galgos" y "Bajar un cambio".

Gobello y Oliveri no se quedan atrás a la hora de encontrar nuevos términos: "Bombacha floja" (atorranta), "Cantina" (alguien afecto a emborracharse en los boliches), "Churro verde" (porro), "Fumanchero (fumador de marihuana), "Papel" (dosis de cocaína), "Vitamina" (cocaína).

Para que cualquier término alcance la gloria de figurar en alguno de los dos diccionarios sólo hace falta que sus autores lo hayan detectado.
Es posible, por ejemplo, que ya se dijera "birra" antes de 1990. Pero evidentemente se trataba de un vocablo tan poco extendido que los oídos de Gobello, unos de los menos castos del país, jamás lo habían escuchado.

Los tres expertos apelan a las mismas artimañas para detectar los nuevos términos que usa la gente. Algunos son obvios: miran programas de televisión como "Videomatch" (de ahí salió el vocablo "goma") o CQC (impusieron la palabra "ladri"),escuchan programas de radio, leen los suplementos "Sí" de Clarín y "No" de Página/12 y recorren atentos Buenos Aires con libretas en las que anotan todo lo nuevo que oyen.

Con todo eso, sin embargo, no alcanza. Tienen, además, que escuchar mucha música. Y el tango ya fue. Ahora las mayores usinas de lunfardo son las letras de las canciones de rock nacional y las de la cumbia villera.



Fuente: Carlos Galván. Diario Clarín.

 

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