Los ánimos están crispados: la violencia llega a
la gramática
La batalla del punto y coma
Llegan los partes desde el frente: el signo lingüístico que permite sumar
ideas está en franca decadencia. Y no sólo en castellano. También en francés.
Los especialistas aseguran que el gran enemigo es el inglés con dos puntas de
lanza: los textos de Ernest Hemingway y el uso de las nuevas tecnologías, como
el chat y los teléfonos celulares. Hablan lingüistas, escritores y activistas.
Qué puede pasar.
El punto y coma está en vías de extinción. Cada día es más difícil
encontrarlo en libros y diarios debido a que casi nadie está completamente
seguro de cómo se usa, sumado a la rapidez que impera en los textos por las
nuevas tecnologías y a la influencia del inglés en nuestro idioma.
Algunos patriotas del lenguaje sostienen que se utiliza menos porque se impuso
el estilo de escritura americano de Ernest Hemingway, quien dispuso la dictadura
de las frases cortas y la abundancia de puntos. Otros, más ortodoxos, agregarán
que autores de culto como el francés Marcel Proust, el austríaco Thomas Bernhard
o el argentino Juan José Saer serían difíciles de leer sin la existencia del
punto y coma.
Lo cierto es que la cultura del zapping y la velocidad de la sociedad invaden
hasta el lenguaje y pareciera que sólo queda lugar para oraciones cortas que
permitan saltar de una a otra, sin demasiado esfuerzo, para evitar que el lector
deba profundizar en los razonamientos.
Distintos lingüistas coinciden en que la puntuación podría funcionar como una
radiografía de la sociedad: a una comunidad superficial, le corresponde una
puntuación sin demasiado lugar a la meditación; una sociedad de valores efímeros
tendrá signos que no requieran tiempo de análisis, y un país que exalta lo
fragmentario tendrá oraciones desconectadas las unas de las otras.
Para oponerse a la aniquilación, sus adeptos se pusieron firmes y lanzaron
campañas en todo el mundo, y Crítica de la Argentina propuso el debate a
lingüistas y escritores locales, quienes lo reivindicaron como “antimail” y
“signo de la intuición”, capaz de aportar “música” y “ritmo” a los textos.
“El punto y coma implica una reflexión sobre la relación que establecés entre
los miembros que están puestos en la misma oración. Poner un punto y coma es
decir `estoy poniendo algo que guarda una relación estrecha con lo dicho
anteriormente, pero es otra idea’. Esa reflexión es antimail”, señala María
Marta García Negroni, investigadora del Conicet, titular de la cátedra de
Corrección de Estilo de la UBA y ganadora del Premio Konex en Teoría Lingüística
y Literaria.
Uno de sus enemigos más amenazantes es el uso vertiginoso que las nuevas
tecnologías hacen del lenguaje. La comunicación veloz que proponen internet y el
MSN generó una realidad en la que releer un texto se convirtió en un valor
negativo. De esta manera, no hay tiempo para interpretar las segundas
intenciones de lo que el otro dice.
Al sumarse al debate, la lingüista y coautora del libro El arte de escribir bien
en español, Laura Pérgola, afirma que la tecnología determinó un uso muy escaso
del lenguaje donde “se trata de economizar cuando no tenemos un idioma
económico”.
En el celular, habría que apretar el botón que hace desfilar los signos unas
diez veces para llegar al punto y coma, y su utilización en el chat ya tomó
acepciones distintas de las reglamentarias.
Sin embargo, la desaparición del punto y coma no es un fenómeno local, sino que
ya se evalúa como tendencia mundial. En Francia tomaron muy en serio la guerra
por su supervivencia, y un grupo de destacados intelectuales lanzó una cruzada
para defender a su idioma del “enemigo que habla inglés”. “Para mí, este signo
es el símbolo de una república que razona de forma correcta”, disparó el experto
Alain Rey, autor del Diccionario Robert, uno de los más importantes del francés.
LOS DEFENSORES OPINAN. En la Argentina, aún no existe ningún espacio
institucional pensado para hacer frente a esta problemática, aunque distintos
blogs comenzaron la lucha posteando textos donde reclaman por el punto y coma.
Algunos intelectuales locales ya lo incluyeron como un tema destacado entre sus
acaloradas discusiones académicas.
Marcelo Birmajer, uno de los más prolíficos escritores argentinos
contemporáneos, es taxativo: “El punto y coma es mi signo de puntuación
favorito. Es fundamental”, comienza y explica que “no es un punto sino una forma
de negociación entre dos ideas”. “El uso del punto y coma es intuitivo, y la
intuición es la forma menos mala de acceso al conocimiento. Para mí es el signo
de la intuición”, precisa.
Otra de las activistas a favor del punto y coma es la escritora Claudia Piñeiro,
autora de las novelas Tuya y Las viudas de los jueves. Para ella, usar este
signo es como manejar: si se pasa de la cuarta a la segunda, el auto marcha
igual, pero hay un ruido diferente y se nota. “Tiene que ver con un ritmo que si
no lo usás no es incorrecto, pero te perdés un montón de sutilezas en ese tono
que vas adquiriendo en el texto. A mí me da muchísima pena que se pierda”,
lamenta.
Por su parte, el periodista y escritor Luis Gregorich, compilador del libro
Antología universal de la poesía y Cómo leer un libro, señala que la función del
punto y coma es “dar una respiración a la escritura”. “Está vinculado con la
música del texto. Es un matiz. Unificar todo con la coma no es bueno, le quita
ritmo a la prosa”, agrega.
Al momento de repartir culpas, Gregorich dice que la baja en el uso de este
signo de puntuación se debe a una especie de exaltación de lo fragmentario y de
lo breve en la sociedad.
LAS RAZONES DE LA DEFENSA. ¿Por qué es importante mantenerlo
vivo? Según García Negroni, “existen diferencias sutiles entre signos de
puntuación que no hay que perder, porque permiten construir sentido, forman
parte de la comunicación y la interpretación mutua; no son irrelevantes”.
Como antídoto a este síntoma de incomunicación, algunos escritores sostienen que
mientras más signos de puntuación existan, mejor. Jorge Luis Borges decía que
era una pena que no hubiera signos para cuestiones como la indecisión.
El lingüista francés Jules Marouzeau sostuvo que los signos tipográficos
subrayan las intenciones del autor y defendía la tesis de que la puntuación es
no sólo la guía de lo que se dice, sino un modo de expresión en sí misma.
Algunos autores intentaron, incluso, emplear una “semicoma” o una “coma
interrogativa”, e inventaron nuevos signos como el “punto o signo de ironía”.
PARA QUÉ SIRVE. Sin embargo, un problema que no augura un buen
futuro para el punto y coma es la mala enseñanza que dan en los colegios
primarios y secundarios sobre su uso. Hay docentes que no saben cuál es su
función, los chicos se acostumbran a no usarlo y se vuelve difícil aprenderlo
luego.
La preocupación por este problema comunicacional fue tomada en serio por el
mundillo intelectual donde piensan dar una batalla sin puntos suspensivos contra
los atajos del idioma que van achicando el campo de posibilidades a la hora de
hablar, y dejan a las personas cercadas, con menos opciones, y al punto y coma,
en vías de extinción.
Los diarios como campo de lucha
Un relevamiento realizado por diarios nacionales, tomando la sección Política
del día jueves, arroja el siguiente resultado:
Clarín: utilizó seis puntos y comas.
Crítica de la Argentina: se contabilizaron siete puntos y comas.
La Nación: récord de veintitrés puntos y comas, utilizados en la mayoría de las
bajadas y para separar enumeraciones complejas.
La batalla perdida entre los periodistas
Si el uso del punto y coma viene en baja entre los escritores contemporáneos, en
los diarios es casi nulo. Es que este signo tiene mala prensa entre los
periodistas, que prefieren evitarlo para reemplazarlo por el punto y seguido.
Algunas opiniones de los profesionales.
Juan José Panno, rector de la escuela de periodismo TEA: “En los medios se
tiende naturalmente a utilizar frases cortas para evitar distraer al lector. No
hay nada más molesto que un punto y coma mal usado, por lo que recomiendo
evitarlo, salvo en el caso de que sea necesario”.
Luis Gregorich, periodista, ex director del Suplemento Cultural del diario La
Opinión: “No estoy convencido de que la gente quiera sólo frases cortas. Yo uso
frases largas y vinculadas entre sí, bastantes comas y algunos puntos y comas.
Requiere un buen aprendizaje saber cómo y dónde usarlos”.
Irene Hartmann, licenciada en Letras y correctora de la revista G7: “El punto y
coma no es un tema de vida o muerte para el periodismo en notas informativas.
Hay géneros más blandos dentro del periodismo donde el punto y coma puede
enriquecer la escritura, como ocurre en las notas de color y en las revistas,
pero es un signo olvidado y muy poco presente en el mercado de diarios”.
Renata Rocco Cuzzi, titular de la cátedra Taller de Comunicación Periodística en
la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA: “Creo que yo debería
sumarme a esta cruzada para salvar al punto y coma. No soy de utilizarlo ni
tampoco tengo una normativa específica para su uso en el ámbito del periodismo.
Es verdad que es un signo que enriquece la escritura, pero en lo que respecta a
la escritura en mi materia, no es prioridad el hecho de que los alumnos no lo
usen”.